No tenemos nada

Barahona

por Marino Berigüete/

hombres que nacimos en el sur del país no tenemos mucho en comparación con aquellos que han crecido en la Capital. Pero cuando llegamos aquí, estamos dispuestos a darlo todo.

Estamos acostumbrados a luchar por lo que queremos y a superar cualquier obstáculo. Sabemos lo que es trabajar duro y no tener mucho, por lo que cuando llegamos a la Capital, no tenemos miedo de hacer sacrificios y trabajar aún más duro para lograr nuestros sueños.

Barahona

No dejamos que nuestras raíces nos limiten, sino que las utilizamos como una fuente de motivación y determinación para alcanzar el éxito en la gran ciudad.

A pesar de las adversidades que enfrentamos en el sur, siempre tuvimos un tesoro invaluable a nuestro alcance: la naturaleza. Aunque no teníamos lujos ni comodidades, teníamos el sol brillando en nuestros rostros, el mar acariciando nuestras playas, el viento soplando en nuestros cabellos y las montañas imponentes como nuestro telón de fondo. En nuestra niñez, aprendimos a valorar y disfrutar de estas maravillas gratuitas, que nos llenaban de alegría y nos recordaban que había más en la vida que posesiones materiales. A pesar de no tener mucho, teníamos todo lo que necesitábamos para ser felices.

Barahona

Recuerdo con nostalgia aquellos días de felicidad en los que pasábamos horas cazando mariposas junto a mis amigos de la infancia. Nuestro lugar favorito era el parque del colegio Divina Pastora, donde las calles se convertían en nuestro campo de juego. La sirena que anunciaba las horas era nuestra señal para salir corriendo y perseguir a las coloridas mariposas que revoloteaban a nuestro alrededor. En esos momentos, éramos tan felices que nada más parecía importar. Juntos, compartiendo risas y aventuras, nuestra infancia era simplemente perfecta.

Por eso aquí en la ciudad aunque no tengamos nada tenemos todo para recordar.

Fuente: PIEDRA DURA