Don Pérez vaticinó huida los Trujillo

Don Pérez vaticinó huida los Trujillo

Por Leonardo Mercedes Matos

La sapiencia e intuición política de mi difunto padre eran tales, que aún después de su partida continúo preguntándome: cómo era posible que un campesino proletarizado como él, con apenas un quinto grado de primaria pudiera tener tal nivel de entendimiento. Don Pérez vaticinó la huida de los Trujillo dos años y medio antes de que ocurriere en noviembre de 1961.

Corrían los días de junio posteriores a los desembarcos de Constanza, Estero Hondo y Maimón de las expediciones libertarías del 14 y 19 de junio de 1959, que “encendieron la llama augusta de la libertad”, procedentes de Cuba e integrada por 198 combatientes dominicanos e internacionalistas de 7 países. La oficialista Voz Dominicana saturaba el ambiente y a la población con sus frecuentes y estridentes ediciones de noticias sobre la despiadada y sanguinaria respuesta dada por la maquinaria militar del régimen a los intrépidos expedicionarios. Los diarios impresos a su servicio hacían igual, al inundar sus páginas con titulares y fotografías destacando tales acciones.

Don Pérez tenía una insaciable pasión por la información y, para tenerla lo más completa y fresca posible de todas las fuentes, conservó su subscripción a El Caribe, hecha en Polo en la década de 1940. Con su radio de batería se enteraba de las noticias procedentes de Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia y Londres.

Es probable que ese acendrado interés por “estar bien informado” le proviniera de su temprana posición antitrujillista, nacida de su ideología de rechazo a los abusos, crímenes, robos y “malas mañas”, heredadas de la cultura y formación familiar recibidas en Duvergé, su pueblo natal, de sus relaciones con don Luis Delmonte, de cuya finca cafetalera fue capataz, y a quien el déspota le asesinó un hijo, el Dr. Jorge A. Nin, en simulado accidente en El Número, de Azua.

Una calurosa tarde, después de almorzar en familia, como de costumbre, con la afluencia de clientes a la pulpería escasa, Don Pérez y yo nos fuimos al mostrador a leer El Caribe. Me llamó la atención de las hojas en manos de papá con la foto de unas montañas ardiendo y un avión sobrevolando, con titulares que más o menos decían: “Aviones AMD bombardean intrusos en Constanza”, “Efectivos del EN aniquilan invasores”.

-¿Papá, y qué es lo que está pasando? -pregunté muy interesado. Me dijo:

-Esos son los aviones y guardias de la AMD y el EN acabando con un grupo que vino de afuera a luchar contra el Gobierno.

-¿Pero, quiénes son? -volví a interrogar.

-Son dominicanos que huyeron del país para evitar que “ese desgraciado” los matara, porque él persigue, mete preso o asesina a quien no le guste o hable contra el Gobierno, le caiga mal a él o a alguno de su familia o se niegue a entregarle lo que a él o a cualquiera de ellos le interese -Y continuó:

-Vinieron a derrocar el Gobierno para darle libertad al pueblo y vida sin temor, porque aquí nadie puede hablar, decir nada ni confiar en nadie, la gente vive muerta del miedo, porque si le caes mal a uno de ellos o alguien, por hacerte daño, dice que no te gusta el Gobierno, te fuñiste.

Me quedé congelado, jamás había oído semejante “blasfemia” contra “El Jefe”, nuestro “Benefactor” y “Guía”, como aprendí de mis maestros. Realmente no comprendía lo que mi padre decía.

-Papá, y si matan a Trujillo, ¿viene Ramfis?

La respuesta llegó como un rayo:

-¡Mira muchacho, el día que maten a “ese desgraciado” toda su familia va a tener que salir huyendo del país, porque aquí nadie los quiere; en menos de seis meses tendrán que salir todos! ¡sin que quede uno solo!

-Pero, papá, a Trujillo todo el mundo lo quiere -fue lo único que la pesadumbre me permitió decir, medio incrédulo y atrevido, pero a punto de meter cabeza entre brazos e irrumpir en llanto.

-¡Eso es mentira, es lo que nos hacen creer, y como nadie puede hablar, es lo que parece, pero la mayoría no quiere saber de “ese desgraciado” ni de su familia, porque son unos abusadores, ladrones y criminales! -concluyó enaltecido, exponiendo su vida a cualquier desliz infantil.

¡Válgame, Dios! Era como si el mundo se me viniera encima. Todo eso en la cabeza de un niño de esa época, cosas que todavía muchos adultos no entienden.

Al cabo de muchos años, cuando advino la madurez y la conciencia fue que percibí la certeza de los juicios de Don Pérez y su premonición. Haga lo que hice, cuente de junio hasta la salida de los Trujillo, y se quedará como yo.

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