Con pegado concebido, entre el amor y el dolor de Juan Matos

El poemario Con pecado concebido reúne una selección de sus textos de amor, exhibido de manera desnuda y mágica como es la vida.


Para Juan Matos la poesía es su forma de amar, porque «los verbos son ciudadanos/ de todos los tiempos» […] «Ahora, / en el inmenso mundo de la gota, / en la líquida caricia de las olas». La capacidad de crear a través de la palabra lo convierte en lo único que le fue dado, como dice el siguiente verso: «Estoy hecho/ de lo que me fue dado». La dicha de su existencia lo hace: «un ser y amarse». Es decir, la poesía lo hace: ser y amarse. Cuando el autor se embriaga del éxtasis supremo de lo poético, descubre que: «No es mía la voz que ahora escuchas. / No son mías, sino las tuyas, / las virtudes del silencio» (pp. 15-16)

Cuando el aeda se estaciona en la terrible y deleznable cotidianidad comienza a ser sombra y a interrogarla, para entonces solo encontrar la luz de lo poetizante: «La sombra. ¿Preguntas por mi sombra? / La sombra confirma la unicidad que somos:/ ¡Yo solo tengo sombra cuando me das tu luz!» (ídem).

En este poema inicial de su libro titulado Con pegado concebido (2021), va cimentando que la poesía es su forma de amar. Mientras la grandísima poeta mística Sor Juana Inés de la Cruz, hace de su amor a Dios un erotismo divino, en cambio, el nuestro haya en la poesía el don de entregarse y amarse.

La Biblia es uno de los textos que más nos muestra esa comunión, entre el erotismo y la palabra, solo debemos leer el Cantar de los Cantares. Juan Matos también se sumerge en esta antiquísima tradición: «He de recibirte como hierba espacios, /burbuja/ o acaso tiempo/que matiza mis sentidos. / He de recibirte, / como onda consecuente, /en mi lago o pensamiento, /después de sumergirte sigilosa/cuando mis aguas trasciendan, /más que tu piel y poros, /tu yo: lo que hay en ti, /detrás de tu biología y tu materia» (p.16). El poeta que hoy tenemos aquí, es un constructor metafórico, que nos invita a pesar y a sentir la poesía, desde la magia encantada de su decir: «[…] de alba a alba/cuando besas mis sueños» (p.19). […] «La soledad que arropa/ la tarde mientras muere» (p.22). […] «sepulta tu nombre con tu voz» (p.25). […] «todavía lo ilumina/ la luz que te desnuda» (p.22). «Corro a la sombra de tus labios/ para morir fulminado por tu rayo» (p. 30).

La poesía es un hecho de la lengua, pero el sujeto que la concreta es un refugio de sus vivencias y sus dolores. De su vida y la de los suyos, desde este ámbito se convierte en un recolector de todo lo que pasó y pasa. Ambas palabras son la matriz de la creación poética y prosada de Juan Matos, valiéndose de su vasta memoria nos ahonda en sus refugios vivenciales, donde la palabra es vida de la vida y creación de la creación.

Convertir el recuerdo y la vivencia en literatura no es nada fácil, para ello hay que poseer un dominio que está más allá de la lengua misma. El autor en cuestión, lo tiene en bien de su textualidad, registrando su universo familiar y personal, sin ambages de los poetas puramente imaginistas.

Veamos este breve poema: «Llevo la casa/indeleble/ quebrada en mi costado/ tan grande/ tan grande/ ¡Oh, madre! /la casa de mi infancia/ tan llena de cosas/en la memoria mía/ ¡y tan vacía!» (p. 121) Habla de la casa de su madre que también fue la suya, que ahora solo existe en su recuerdo, dejándolo tan vacío como la muerte de su madre.  Todos tenemos en nuestra memoria guardada la casa donde nacimos y nos creamos, junto a la benevolencia de nuestra madre. En mi caso, nunca he podido olvidarme de esa casa de mi niñez, de mi infancia y de mi madre. Juan me ha zambullido en ella, desde la dolosa memoria de la muerte de mi madre, quien apenas nos dejó a los 48 años.

La experiencia y la memoria son fundamentales para cualquier escritor, porque es la única manera de regresar al pasado para hacerla presente. Una y otra convivencia en la unicidad de la escritura de Juan Matos, por medio de la memoria retorna todo su pasado familiar y al suyo propio para hacer poesía, tanto de él como la de los demás.

La poesía nunca ha sido un juego ni de la lengua ni del sujeto que la escribe, ella es lo más excelso y grande de la creación literaria en el mundo. En su maravilloso libro Cómo acercarse a la poesía Ethel Krauze (1994), nos lo hace saber de una manera contundente que la poesía es algo muy serio y sublime: «[…,] era mi manera de estar en el mundo. Sin quererlo había descubierto que gracias a las palabras uno puede hacer suyas las cosas, las emociones, los anhelos, y provocarlos en los demás» (p. 10).

Desde esta perspectiva, el escritor Juan Matos desde su exilio económico en los Estados Unidos, se cobija en la nostalgia de su tierra natal para plasmar todo lo que lleva dentro y fuera de él, aun ser Poeta Laureado de Worcester. Con pegado concebido,es un libro testimonial igual que Labrador de palabras(2021), donde su madre quien fue una destacada maestra de su comunicad, le predijo: «Tus abuelos, tus tíos y tu padre labraron -con dignidad-/la tierra. Tú, Juan Edelfín -de igual modo, /fon firmeza- labrarás la palabra. /Labra la palabra, mi prenda amada. /labra la palabra. /-Me dijo mi madre- con sentencia de diosa» (p. 11).

Es un libro de amor y de dolor, cada uno en sus distintas dimensiones. «Me vestiré de tus ganas/en tu día de días/ y asistiré puntualmente, / de tu cuerpo entero: consciente. Vital» (p.41). A su amada esposa Alma, cuando le fue diagnosticado cáncer de mama: «Eres más que dos senos, compañera. /No pudo la malicia cancerígena/privarte de tu esencia, compañera;/ esa que eras, eres, / multiplicada, entera» (p.111). Ante el sufrimiento causado por la muerte del su padre, el poeta exclama y grita: «Se desgarró. /Se deshizo en mis sentidos. /Se me secó en la rama del recuerdo. / Se me desdibujó, se me hizo añicos/ el lienzo del pasado. /Se me rompieron todas las estaciones. /Se me quebró la vida, / Viejo, /y tú tan lejos.» (p.124).

El poemario Con pecado concebido reúne una selección de sus textos de amor, exhibido de manera desnuda y mágica como es la vida. La doctora Ibeth Guzmán, en su introito al libro lo resume de esta forma: «El dolor, un puente para trascender de lo físico a lo metafísico. Una ruta para ver el cuerpo más allá de sus límites materiales. Un camino para llegar a la plenitud y en ella replantear la postura de la voz poética hacia el lenguaje. Una vuelta a lo fundamental. Formas poéticas del Siglo de Oro renacen en las postrimerías de este poemario para afianzar la estabilidad de reconocer un aprendiz de la piel, del placer y del dolor (p. 10)

 

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