Sin Trujillo, al pueblo dominicano le ha ido mejor.

Sin Trujillo, al pueblo dominicano le ha ido mejor.

Por: Virgilio Gautreaux.

La noche 30 de Mayo cuando Trujillo cayó bajo las balas de un grupo de valientes, se inició una verdadera revolución social, económica, política, cultural, educativa sanitaria, alimenticia. Los dominicanos aumentaron el consumo de agua potable, energía eléctrica y del gas propano. También tuvo mejoras del vestir y el calzado. Aumentaron los niveles de salario. Aumentó el uso de inodoros y se redujo el uso de letrinas de los hogares y cambio de los materiales de las casas. Mejoró la atención sanitaria pública.

Se alcanzó una verdadera libertad de movimiento dentro del país y el exterior. También se comenzó una generalizada movilidad social, humana y religiosa del pueblo dominicano. Surgieron nuevas plantas televisoras y radiodifusoras, grupos musicales, culturales y artistas.

Las fuerzas armadas también experimentan cambios y jóvenes oficiales se involucran en procesos de cambios políticos democráticos. La exclusión y discriminacion social, de oficiales calificados, comienza a resquebrajarse, cuando va desapareciendo el sistema trujillista de otorgar rangos. Las mujeres confinadas a los hogares se incorporan a las actividades productivas, culturales, se vuelcan a las aulas universitarias, la actividad política y desempeñan con eficiencia todo tipo de tareas.

Los dominicanos en este proceso pasamos de unos pocos peloteros en las grandes ligas, a toda una avalancha en los equipos del mejor béisbol del mundo. Libres de ataduras, el hombre y la mujer dominicana se movilizaron desde regiones atrasadas, hacia lugares donde pudieron mejorar sus condiciones de vida y educar mejor sus hijos. Millones de compatriotas han viajado al exterior, enviando por muchos años miles de millones de dólares, provocando toda una revolución en la movilidad social, económica y cultural, de otros millones de criollos.

Obviamente todo esto no fue un regalo. Alcanzarlo costó mucha sangre sudor y lágrimas, bombardeos aéreos y cañonazos, golpes de Estado, masacres y también la invasión militar de la mayor potencia del mundo, los Estados Unidos. Si bien es cierto que nuestra democracia es imperfecta, muchas naciones tienen peores democracias que la dominicana. Aun con sensibles fallas, la democracia ha demostrado ser mil veces mejor, que la Dictadura que nos sojuzgó durante 30 largos años.

Muchos-no todos-de los que veneran a Trujillo, jamás hubieran escalado la posición social que hoy ostentan. Esta era una nación de gente flaca, enferma y escuálida, con pocas esperanzas de superación. Desaparecido Trujillo cuando vinieron al país delegaciones internacionales, quedaron sorprendidos con el hambre y la miseria reinante, razón por la cual la Alianza para el Progreso y gobiernos amigos, iniciaron un vasto plan de regalar comida (leche, queso, mantequilla, aceite, arroz, harina, habichuelas, maíz,etc,).

Para combatir el desempleo se crearon programas especiales de empleo, apoyados por la OEA. Algunos fueron ejecutados por los Ayuntamientos del país, donde centenares de hombres eran empleados en la construcción y rehabilitación de obras municipales y Gubernamentales, apertura de caminos, construcción de calles, alcantarillas, etc. El Paraíso dominicano para algunos, le parecían un verdadero infierno a los funcionarios y técnicos internacionales cuando visitaron la República Dominicana en 1961-62. Somos imperfectos igual que todos los demás. Sólo basta escuchar y leer lo que está pasando en otros países.

Si bien es verdad que mal de muchos, es consuelo de tontos, no somos lo que peor estamos de las naciones que están pasando mucho trabajo, con sus indicadores sociales económicos y políticos. El problema más grave actual la República Dominicana es nuestra frustrante y corrupta clase política y algunos núcleos empresariales desbocados, los cuales hasta ahora, han sido exitosos dividiendo el pueblo dominicano, para evitar que éste, en el marco de la democracia y la ley, les ajuste cuentas.

Ese es un pleito que está pendiente en la tierra bella y generosa del Patricio Juan Pablo Duarte.

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