EL DESACREDITADO ARTE DE HACER POLÍTICA.

por Lic. Enmanuel Melo Cuello
Muchas personas dicen que el oficio de la política es algo simple, que es fácil, que es para vagos, que no se necesita preparación alguna; pero en realidad lo dicen porque no saben cuánto hay que afanar en este oficio; realizar sacrificios de tiempo, trabajar con personas para convencerlas de que apoyen en el proyecto político o candidatura en la que estás involucrado, dominar el arte de la oratoria, tener poder de convencimiento y carisma para ser líder de grupo; y es más, tener paciencia para aguantar sinsabores, desplantes, desprecio de los que te adversan y compiten por el mismo espacio que tu (tanto dentro de tu propia organización, como fuera de esta); saber manejar los conflictos de grupo, atender a las demandas del pueblo, responder con altura los ataques y cuestionamientos de la oposición y la opinión pública en sentido general.
La política es una ciencia, una doctrina que trata sobre las relaciones gubernamentales y la organización de las sociedades humanas. Es la habilidad puesta en manifiesto para asuntos que hay que tratar con la gente.
Podemos llenar varias páginas solamente definiendo qué es hacer política, ya que ésta se aplica no solamente a las relaciones gubernamentales del estado, sino también a todos los ámbitos donde hacemos vida (en la iglesia, en la casa, en los clubes, en las empresas, etc.), pero nos centraremos en el la política orientada a la persecución del poder político de un país, de nuestro país.
Mostrando una definición más desarrollada (recogida de diversas lecturas) nos lleva a definir como política a: toda actividad, arte, doctrina u opinión, cortesía o diplomacia; tendientes a la búsqueda, al ejercicio, a la modificación, al mantenimiento, a la preservación o a la desaparición del poder público.
En esta amplia definición se puede observar claramente al objeto de la ciencia política, entendido como el poder público sustraído de la convivencia humana, ya sea de un Estado, de una empresa, o una agrupación de cualquier otra índole.
Es cierto que muchos incumbentes de este arte ancestral no llenan estos requisitos, porque en realidad no están en la política para servir, si no para servirse, y esto, es una gran diferencia entre los buenos políticos y los mediocres.
Si tu consideras que esto es algo que lo puede hacer cualquiera, te invito a que lo intentes, que inviertas el tiempo que debes estar con tu familia y actividades cotidianas, en trabajar en los barrios y municipios, con la población que haría ganar a tu candidato o proyecto político; que te involucres con personas con las cuales no compartes ideas, cultura, forma de vida y extiéndele tu mano; escúchalos, convive con ellos en actividades que harías con el círculo social en que vives y te desenvuelves.
Si no tienes madera para esto, pues, no seas tan duro con los que bien hacen este noble oficio, tan desacreditado por el desconocimiento de la mayoría sobre su verdadera razón social y por los aprovechadores (seudo-políticos) que se lucran indiscriminadamente de nuestro patrimonio nacional; apoya y defiende a los que sí saben aplicar esta doctrina, que ha forjado las grandes naciones del mundo y que prevalecerá por siempre, a pesar de sus detracciones.
Cuando encontramos personalidades involucradas en este arte, cuyo discurso político solamente va orientado a despotricar, ensuciar, ofender o menoscabar la moral o ejecutoria a su adversario, nos damos cuenta que no tienen la capacidad necesaria para dirigir una nación. Donde no ofrecen soluciones a las necesidades del pueblo, y luego de desmeritar ejecuciones ajenas, no les queda más remedio que ofrecer la ampliación de esas mismas acciones en favor de la colectividad, ya que reconocen que se está haciendo lo correcto. El conflicto se presenta, cuando se les cuestiona sobre ¿Cuáles son las iniciativas a tomar para hacer esto posible?, de ahí viene la definición de demagogia política, que en definición, es una estrategia utilizada para conseguir el poder político. Consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda política distorsionada de la realidad con el fin de manipular voluntades basando su discurso en imposibles.
El ejercicio de la política es para hombres de bien; ya que esta permite gestionar los activos del estado, también resuelve conflictos dentro de las sociedades adscritas a un estado específico lo que permite la coherencia social, las normas y leyes que determine la actividad política se vuelven obligatorias para todos los integrantes del estado nacional de donde proceden tales disposiciones.
Si quieres incursionar en este arte ancestral, trata de marcar diferencias entre tú y quienes consideras aprovechadores del deseo popular y colectivo. Aporta ideas que ayuden a seguir por el sendero del progreso de nuestro país. No te quedes a fuera, solo por pensar que todo está perdido y que no hay esperanza.
El tiempo pasa, pero la política seguirá incidiendo y guiando los destinos de la humanidad.
Piénsalo.
Hasta la próxima, amigos.
 

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