Articulo Invitado: No todos son iguales…

4E1861E7-3EA6-4941-B33F-E54261713299.jpg__680__460__CROPz0x680y460por Ricardo Pérez Fernández /fuente: Listin.com.do
rperezfernandez@gmail.com
@Ricardoperezfde
Michele Foucault, invirtiendo el aforismo de Clausewitz, estableció que la política no era más que la continuación de la guerra por otros medios. El dramaturgo griego Esquilo, por su lado, nos legó una célebre frase también alusiva a la guerra, donde estableció que en ella la verdad siempre resulta la primera víctima. Ambas son profundas concepciones devenidas en adagios y ambas sirven para ilustrar con cierta elocuencia lo que hoy sucede en el seno del Partido de la Liberación Dominicana.
Las guerras se libran por el control o el dominio de algo; la política, en su esencia, es también una contienda permanente por el control o dominio de algo. En este momento de su historia, el PLD se encuentra en un pugilato desatado por el interés del presidente Danilo Medina de que se proceda con una modificación constitucional que le permita ser candidato a la presidencia nueva vez en las elecciones de 2016. Esta pretensión, secundada por la mayoría del Comité Político del PLD y, conforme a las últimas encuestas, también apoyada por una mayoría del pueblo dominicano, encuentra, sin embargo, al menos tres focos distintos de oposición. En primer lugar, una oposición política de parte de dos de los tres partidos mayoritarios del sistema, a saber: PRD y PRM; y también la resistencia de al menos la mitad de los legisladores del propio PLD. En segundo lugar, encuentra una resistencia de carácter institucional, de aquellos que claman porque se respete la constitución, y que denuncian como inaceptable e improcedente la aspiración del presidente de que se modifique la Constitución para su propio beneficio. Y en tercer lugar, verificamos un rechazo de carácter moral, representado por aquellos ciudadanos que le exigen al presidente Medina cumplir su palabra, ya que él mismo estableció públicamente, en múltiples ocasiones, que no optaría por la reelección presidencial aún estuviera permitida, por considerarla dañina para la institucionalidad del país y promotora de la corrupción.
Esas son las características de esta guerra, y esos son sus principales actores, y como en toda guerra, también aquí la primera víctima ha sido la verdad. Poco tardaron las huestes que atacan y contraatacan en defensa de sus deseos y posiciones, para espetar un pobre argumento defensivo, pero muy recurrido: “Danilo no ha hecho nada distinto a todos los demás. Todos, sin excepción, han querido reelegirse y todos los que han podido han cambiado la Constitución en provecho propio”. Esto, apreciados lectores, es absolutamente falso, y el objetivo de este artículo, es demostrarlo.
Hubo quienes no optaron por la reelección
Entre 1966 y 1994 la reelección presidencial estaba permitida, y a pesar de ello, ni Antonio Guzmán, en 1982, ni Salvador Jorge Blanco, en 1986, se presentaron como candidatos presidenciales en la boleta de su partido en procura de una reelección. En ese período histórico solo buscó la reelección presidencial el expresidente Joaquín Balaguer, quien lo hizo en cuatro ocasiones distintas.
Fruto de la crisis política provocada por las elecciones presidenciales de 1994, se modificó la Constitución y se reintrodujo la prohibición de la reelección para las elecciones de 1996. Ese año resultó electo Leonel Fernández, no pudiendo optar por la reelección inmediata. Sin embargo, en el año 1998, entre los meses de mayo y agosto, el presidente Fernández fue cortejado por importantes dirigentes reformistas, quienes en público y privado le motivaban para que modificase la Constitución, abriéndose para sí la posibilidad de la reelección. A finales del mes de julio de ese año, el expresidente Balaguer sugirió al presidente Fernández tomar la decisión de abocarse a proponer la reforma en el período de transición, antes de que se juramentaran los nuevos congresistas en agosto de ese año, ya que, en palabras del expresidente: “si lo hacemos ahora, pasa la reforma. Con los nuevos no pasará. Los votos que usted piensa que pueden faltar, no faltarán”. A pesar de esto, el presidente Fernández no se aprestó a modificar la Constitución y en el año 2000 se juramentó como presidente Hipólito Mejía, quien sí escuchó los cantos de sirena de la reelección, y a pesar de gobernar en nombre de un partido históricamente antireeleccionista, y de haber dicho públicamente, en cerca de un centenar de ocasiones que jamás lo haría, en el 2002 procedió a modificar la Carta Magna para poder presentarse como candidato en el año 2004.
En esas elecciones perdería su intento de reelección por 24 puntos porcentuales.
El presidente Fernández retornaría al poder en el año 2004, y habiendo sido habilitada la reelección por Hipólito Mejía, ganaría de nuevo las elecciones del año 2008. Pero en 2011 iniciaron nueva vez las típicas adulaciones de quienes no saben cómo reconocer una buena labor de un presidente que no sea solicitándole que se perpetúe en el poder. Surgieron expertos constitucionalistas que ofrecían una interpretación de nuestra Ley de Leyes que abría la posibilidad de su postulación para el año 2012. También, hicieron aparición estruendosa más de dos millones de firmas de ciudadanos que pedían la presentación del presidente como candidato por tercera vez consecutiva. Y como es de conocimiento de quienes dan seguimiento a estos temas, las encuestas le auguraban una holgada victoria. Sin embargo, no obtemperó a la tentación, la constitución fue respetada y por ello hoy Danilo Medina es presidente.
De lo anterior concluimos que es falso pretender generalizar y asegurar que todos los presidentes han intentado reelegirse. Simplemente no ha sido así. Sin embargo persiste entre algunos la creencia de que toda vez que se promueve una reforma constitucional se hace para beneficiar al presidente de turno, y aunque Hipólito Mejía lo hizo, y la propuesta de reforma que pretende habilitar la reelección del presidente Medina lo haría, se ha pretendido liquidar el proceso de reforma constitucional de 2010 bajo los mismos argumentos, y esto es una aberrante injusticia que demuestra total desconocimiento de lo que fue aquel proceso. Ahora bien, ¿de dónde surgen estos argumentos? Los mismos se sustentan en que esa nueva Constitución le abría la posibilidad al presidente Leonel Fernández de poder retornar a la presidencia, algo que no habría sido posible bajo la Constitución vigente en esos momentos (la de 2002). Pero, a esa historia faltan algunos detalles.
La constitución de 2010
Esa Constitución, que fue debatida y construida en consenso en un proceso de consultas populares, sectoriales y personales a todos los niveles, y que demoró más de tres años en producirse, reintrodujo la no reelección consecutiva. Con la misma, quedaba eliminado aquello de que “El Presidente de la República podrá optar por un segundo y único período constitucional consecutivo”, permitiendo así el retorno a la presidencia tanto de Hipólito Mejía como de Leonel Fernández. Ahora bien, ¿fue esto hecho como traje a la medida para el presidente de turno? La lógica indicaría que no, puesto que de haberse querido beneficiar al presidente de turno se hubiese procedido a reintroducir la reelección simple y pura, sin ninguna condicionante, y esto no se hizo, no pudiéndose argumentar que no se tuviese la fuerza mecánica para hacerlo, porque se recuerda que los legisladores reformistas trabajaron en alianza y muy de cerca con los peledeístas en todo el proceso de esta reforma, y un paquete de concesiones y otorgamientos pudo haber convertido esto en realidad. Sin embargo ese no fue el camino escogido, porque el mismo carecería de legitimidad, y un instrumento como la Carta Magna, que rige la vida en sociedad, no podía surgir en esas condiciones.
Fue ante esa determinación que se procede a pactar una alianza con el PRD, en la figura de Miguel Vargas, por ser esta organización política la segunda con mayor representación en el Congreso Nacional. Lo acordado entre ambas organizaciones para la aprobación de la nueva Constitución fue hecho público, y entre lo que allí figuraba, en posición prioritaria se encontraba la no reelección, la cual fue puesta como condición sine qua non por Miguel Vargas para adherir su rúbrica a ese pacto. ¿Hizo esto Miguel Vargas para beneficiar a Leonel Fernández o a Hipólito Mejía? No, lo hizo en coherencia con el principio de la no-reelección enarbolado por su partido, el PRD. ¿Benefició lo anterior a Leonel Fernández y a Hipólito Mejía? Si, evidentemente, pero eso es una cosa, y otra muy distinta es sugerir que lo anterior se decidió a instancias de alguno de los dos, con el propósito exclusivo de beneficiarles. Postular esto, sería simplemente, no conocer la historia de este proceso.
Argumentos irán y vendrán. Cada vez más, la verdad, sacada de juego por las pasiones, será una simple espectadora del debate. Pero las aguas habrán de retornar a su nivel, y cuando esto suceda, la verdad campeará, rectificando las mentiras esgrimidas en medio del combate. No es verdad que todos han sido y son iguales. Ahí está la historia para demostrarlo.

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