Del Cólera al Estado Binacional

ruben presbostPor Rubén Presbot

San Juan, Puerto Rico .

No han pasado cuatro años de que Haití, fuera devastado por un terremoto que dejó la secuela de 200,000 muertos, y sin reponerse, ya sufre el ataque de una epidemia de cólera, que cuenta miles de muertos y decenas de miles infectados. 



Es inevitable que cada desgracia haitiana afecte directamente a los dominicanos, por ser ambas naciones dos siameses, aunque unidos por la espalda debido a razones históricas y de origen. 


Los haitianos deben aceptar la responsabilidad por el fracaso de su vida republicana; pues crearon una nación sobre despropósitos emocionales y sustentados en razones raciales, religiosas y de odio a todo los que fuera blanco. 


Al extremo de que su constitución original , prohibía el derecho a la propiedad y ciudadanía a los blancos y extranjeros, aunque hubieran nacido en el país. 


En una especie de miopía e irracionalidad, desmontaron la estructura económica de grandes producciones para instaurar el sistema de pequeños productores, dando al traste con toda posibilidad de desarrollo. Este esquema desprecia los pilares del desarrollo, que son el capital y el conocimiento; elementos que estaban en manos de los blancos. 


A pesar de que han sido cerca de veinte los ataques, masacres e invasiones de haitianos a dominicanos, a través de la historia, son estos vecinos quienes más han ayudado a Haití; incluyendo prestar su territorio como válvula de escape. 


Para no ir muy lejos, desde el terremoto de este año, han cruzado ilegalmente la frontera unos 200,000 haitianos. No puede ser de otra manera, por tratarse de una emigración desesperada desde una nación con 70% de desempleo y 90% de analfabetismo, bosques aniquilados y desertificados, terreno erosionado, ríos secos, hambre, sin servicios de salud y anarquía e ingobernabilidad institucional. 


Y aunque los dominicanos no salen del sub.-desarrollo, su economía es 60 veces más fuerte que la haitiana. 


Contando ya con 1, 500,000 haitianos en su territorio y un flujo que crece como la espuma y sin control, los dominicanos pueden, con un simple ejercicio aritmético, saber en qué momento serán minoría en su territorio. 


Pues los vecinos, empujados por la miseria, continuarán en impenitente desplazamiento hacia el este, con un equipaje de carencias existenciales, que incluye su enorme capacidad de multiplicación, además enfermedades y epidemias. 


Ya muchos de esos inmigrantes poseen documentación y hasta pueden decidir en las elecciones. Y un alto número de dominicanos de ascendencia haitiana, ocupa puestos en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional; además de que el 80% de los trabajadores agrícolas son haitianos. 


La imperante anarquía en Haití, continuará incrementándose, logrando por gravedad, la integración y arropando toda la isla. 


En poco tiempo tendrán sus propios partidos políticos, sin que las diferencias de lenguas y estilos de vidas eviten que el país hermano más afortunado cargue con el infortunio del necesitado; aunque con ello pague el costo de neutralizar su propio desarrollo. 


Los dominicanos, que no se alarmen por una simple epidemia de cólera, que lo peor está por venir. Lo próximo será el estado binacional y más tarde serán minoría en su territorio. 
Sepan que en un estado binacional, conviven dos culturas y sociológicamente prevalece la mayoritaria; que en su momento será Haití y que su identidad y definición nacional es: negritud, créole y vudú. 


Que lo entiendan los dominicanos, es el destino manifiesto. “Viní Paleo, Papá” 

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