Recuerdos del Batey Central

Lic. Virgilio Gautreaux Piñeiro
Lic. Virgilio Gautreaux Piñeiro

por: Virgilio Gautreaux P. 

El Batey Central, sus locomotoras, el humo blanco de la chimenea del ingenio, el perfume del azúcar que llegaba a Barahona, las matas de flamboyán, de amapolas, laureles y otras especies, son un recuerdo imborrable. Los extensos solares con grama y la limpieza de calles y solares, aún los tenemos frescos.
Para ir al batey se iba a pie o en bola. La bola era una institución. Muchas veces uno se montaba en los vagones de las locomotoras que llevaban azúcar al puerto de la ciudad. Otras veces algunos osados se encaramaban en los conteiner del tren de sal y yeso. Algunos se iban montados en las cigüeñas (fuin-fuan).

De día la muchachada del pueblo le gustaba ir al batey, bañarse en el cayo, visitar los amigos bateyeros y luego ir al ingenio a comer caña, azúcar y beber guarapo y melao. Era una aventura. Sin embargo, cuando el entusiasmo hacía pasar el tiempo y se avecinaba la noche, la cosa se ponía jodona. Con la caída del sol venían las sombras, las tinieblas. Ya no podíamos retornar por la orilla de la playa. Tampoco por los rieles. Se decía que el “hombre guabina”, salía del mar y se llevaba a quien encontrara. Entonces había que correr por la carretera desde un poste de alumbrado hasta el siguiente, pues se creía que la luz alejaba los zánganos, los muertos, los vacases y cualquier otro ser que el miedo sacara a relucir.

Después de mucho correr, faltaba la verdadera «prueba de fuego» de la nerviosa travesía, que la representaba el «cementerio de los americanos» y un poco más allá, la vieja casona de la logia. Ambos lugares, se consideraban «el nido» de toda cosa mala que la fabulosa mente infantil pudiera imaginar. Muchas veces los chicos nos quedábamos a esperar que viniera alguna persona y nos íbamos detrás de ella en fila como indios.

Por eso, son muchas las visiones que tenemos sobre el batey, el ingenio, el estadio de pelota del batey, el club «el gallo», la cancha de volley-ball, el country club, etc.

El batey era un gran jardín lleno de chinchilines, ciguas, rolones, palomas y zumbadores. Grandes árboles llevaban elegancia y sombra a casi todas las calles, las cuales estaban siempre limpias.

Junto a mis cuchumil primos visitábamos la casa de nuestra tía-abuela, gloria peguero cuya vivienda (ubicada en la quinta avenida), era para nosotros una especie de “country club”. Siempre había mangos y otras frutas. También un hermoso jardín. Un balcón de madera recorría una parte de la casa. Los pajaritos no cesaban de cantar. Era una delicia. En la casa había un gran columpio que todos disfrutábamos.

A pesar de yo «ser del pueblo», tenía una gran admiración por el batey, su organización y limpieza. Su gente sencilla, amable, gentil y amistosa. No bullosa. Siempre respetuosa y muy trabajadora. Los

Mecánicos y operarios de las grandes máquinas, calderas, centrífugas, los tachos, etc, siempre tenían sus Biblias escritas en inglés, la cual leían en sus ratos de descanso.

Muchas veces los bateyeros (como les decíamos) nos cajeteaban porque “invadíamos” su territorio. Hacíamos desórdenes y vainas de muchachos, entonces los bateyeros actuaban y teníamos que salir juyendo. Para los que vivíamos cerca del parque central, «la venganza» era fácil pues nos poníamos en la puerta del Cine Ercilia o del teatro Unión y los esperábamos que salieran con sus hermanas y mansitos» le decíamos ¿y ahora? se ponían blancos como un papel, pero de ahí no pasaba la cosa, pues también habían bateyeros grandes y fuertes que los acompañaban. Eran otros tiempos.

Por orgullo, los bateyeros se esforzaron por ser iguales o mejores que los deportistas del pueblo, lo que dio como resultado que la gran ganadora fuera la provincia de Barahona. Los bateyeros se destacaron en todos los deportes. Jirbo (Teófilo james), Lagá (Teodoro Martínez), Ricardo Joseph, Julito Edwards y su hermano Jalisco. También estaban los “mellizos del terror” Héctor y Jorge Nin. En volley-ball descollaron Angelito Adolph y Enrique Molina. Otras generaciones de deportistas bateyeros deben estar poniendo en alto esta tradición deportiva.

Actualmente el “batey central” está en transición. Luego del saqueo sistemático que por más de 40 años a que fue sometido por los políticos, el ingenio y su ciudadela, prácticamente desapareció. El segundo mejor ingenio del CEA estaba desguazado y entregado a unos aventureros mexicanos que “ganaron” una licitación. Afortunadamente ahora están una gente muy seria. En junio de este año, aparecieron unas gentes “dueños” de una parte del área libre, cortaron árboles grandes y hermosos y comenzaron a construir. El batey le duele ya a muy poca gente. Esa gente tiene mucho decoro, tanto decoro, como para superar a toda la gente que no lo tiene.

Hoy al igual que la ciudad de Barahona, el batey ha cambiado (hasta el nombre le han quitado). Lo han arrabalizado, importando gente de otros lugares, que no les importa un carajo las viejas tradiciones y el ambiente de respeto. Sólo en las viviendas de los bateyeros “originales” se respira tranquilidad, respeto, silencio y paz. Eso fue lo que yo experimenté cuando visité el hogar de Abbott James el año pasado. Eran otra gente. Eran otros tiempos.

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