¡Con todo respeto, Comandante!

 

 

Por Luis Eduardo Díaz Franjul/eduardofranjul@yahoo.com
¡Con todo honor, Comandante¡, es el título del artículo publicado por Oscar Medina (Listín Diario. 3/12/12). Comparto sus primeros seis párrafos sobre la trayectoria del Comandante. Otros párrafos llamaron nuestra atención, por ejemplo: «Todo esto porque el Comandante Delio Gómez Ochoa hizo un ejercicio elemental en la democracia, como es practicar la libre expresión del pensamiento»./ «Pero si lo hubiera dicho…¿No tiene Delio Gómez Ochoa el derecho a expresar sus ideas en democracia?»./ «¿O es que la verdad absoluta la tiene la canallada mediática?»./ «¡Si se lo hubieran hecho a Fidel…de cuantas canalladas nos habríamos liberado!»./
Hay que diferenciar la democracia y la libre expresión del pensamiento. Son dos cosas muy distintas pero a la vez inseparables. Una cosa es la esencia de la democracia y la otra su libre ejercicio, es decir, lo que se dice o hace dentro de ella para diferenciar lo que es historia, política, justicia, libertad de prensa o expresión del pensamiento, entre otras conquistas. La sumatoria revela dos verdades: lo que dice la historia, por un lado, y la ausencia de parámetros que tipifiquen o transparenten la democracia en la República Dominicana. Según el cliché la democracia no es perfecta pero sus actores deben contribuir con su perfección.
No pongo en duda la libre expresión del pensamiento del Comandante, no solo porque su doble nacionalidad se lo permite sino porque se lo ganó con creces al enfrentar a Trujillo en su propio terreno en 1959. Delio Gómez Ochoa tiene derecho a expresar sus preferencias políticas pero solo a él, y a nadie mas, le corresponde el derecho de contrarrestar la crítica por sus opiniones (o supuestas opiniones) de apoyo al ex presidente Leonel Fernández, para evitar que se tergiverse o empañe su trayectoria histórica en favor del pueblo dominicano. Por lo tanto es oportuna una aclaración pública (espacio pagado) de su parte debido a la confusión que se ha creado en torno a su figura. Debe hacerlo con arrojo y valentía, emulando el pasado, y por su contribución con la democracia que empezó a forjarse con la llega de los expedicionarios del 14 de junio de 1959 donde él fué pieza clave. Si fuera otra persona yo no diría lo mismo.
Como el Comandante no ignora la historia y su nuevo rol de convivir en la democracia post-Trujillo, y como ciudadano de la República Dominicana, él sabe que las influencias del régimen que vino a combatir todavía persisten, ya no en forma de alabanzas, amenazas o «continuismo trujillista» sino como parte del quehacer político-electoral. En 1962 el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) de Juan Bosch recibió el apoyo de los trujillistas para ganar las elecciones; el Dr. Joaquín Balaguer fué un colaborador de la Era de Trujillo desde sus inicios y gobernó el país en diferentes períodos de gobierno (1961, 1966-1978 y 1986-1996) con su Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), el que aliado al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en diferentes torneos electorales ha contribuido con el triunfo del partido morado en los últimos años. Por lo tanto la historia no puede negar que muchos triunfos electorales en la República Dominicana tienen «tinte trujillista», aunque «solo se mencione la oración y no al santo». Aún así Delio Gómez Ochoa tiene todo el derecho de expresar sus pensamientos o preferencias políticas como cualquier ciudadano dominicano, perdiendo el cuidado de que le salpique el trujillismo que él mismo combatió, visto esto no como un retroceso sino como un paso de avance dentro de la democracia que él ayudó a construir, para diferenciar el pasado histórico que comenzó con la invasión del 14 de junio de 1959 y concluyó el 30 de mayo de 1961 con el ajusticiamiento del tirano.
El tema de la Era de Trujillo se mantiene vigente desde el punto de vista histórico-económico-electoral, que pretende reflejar una obra de gobierno de 31 años (1930-1961) y por la gran cantidad de libros (y documentales) publicados sobre el régimen. Desde este punto de vista, y con el mismo derecho que tiene Delio Gómez Ochoa de expresar libremente su pensamiento político, los familiares de Trujillo tendrían las mismas prerrogativas de defender la obra de gobierno de su pariente, por una sola y contundente razón: por su parentesco con la historia. Es aquí donde cabe la pregunta que se hace Oscar Medina en su artículo: «¿O es que la verdad absoluta la tiene la canallada mediática?». No me parece que Delio Gómez Ochoa pudiera tener ningún problema con esta interpretación, para ser consecuente con la historia, es decir, aquella que registra los acontecimientos sociales en el accionar democrático, no los folclóricos (con el debido respeto), a los 51 años de la decapitación de la dictadura de Trujillo.
«¡Si se lo hubieran hecho a Fidel…de cuántas canalladas nos habríamos liberado¡», es la última expresión de Oscar Medina que citamos. Sin querer queriendo, Medina como que compara a Trujillo con Fidel Castro (dando a entender ademas que en Cuba no existe la libre expresión del pensamiento, asunto que debe aclarar), lo que se convierte en una tergiversación o aberración histórica que en nada beneficia al personaje que defiende, Delio Gómez Ochoa, y que tampoco contribuye con el ejercicio democrático dominicano y los escollos que hay que vencer para el logro de la convivencia pacífica en la Patria de Duarte, Sánchez y Mella. Es oportuno recordar el Manifiesto de Montecristi que organizó la guerra de independencia cubana de 1985, firmado por José Martí y nuuestro Máximo Gómez, el 23 de marzo de 1985.

 

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