Consenso en la calidad de la educación

Por: Carlos j. Vidal Lassis
Obtener calidad en la educación es consenso global. Muy a nuestro pesar no es así en la manera de lograrlo. Cabe decir muy apropiadamente que ¨cada maestro tiene su librito¨.
Lógico, las circunstancias varían, las posibilidades son evidentes o son groseramente omitidas.
Humberto Belli, ex Ministro de Educación de Nicaragua en su artículo titulado: ¿Deben ganar lo mismo los maestros buenos que los malos? Afirma y concluye que ¨Medir el desempeño exige evaluar el aprendizaje de los alumnos; el mejor indicador de la eficacia de un maestro es el progreso de sus pupilos. Pero no es fácil hacerlo. A mayor mediocridad magisterial mayor oposición sindical a las mediciones de calidad. A mayor populismo estatal mayor propensión a los aumentos “parejos”, que igualan a buenos y malos, aunque perjudiquen la educación de los pobres. Ojalá que una mezcla de consenso educativo, nobleza magisterial y valentía gubernamental, superen estos escollos.
Añade, ¨Los docentes no enseñarán mejor si se les paga más; solo lo harán si se les paga más a los que enseñan mejor¨.
Las verdades presentadas por Belli son relativas, es decir, no son reales en todas las situaciones posibles. Su punto de vista muestra una perspectiva o manera de ver las cosas que encierra una filosofía pragmatista, funcional y propia de un modelo para medir por resultados, que no es apropiado ni efectivo en el campo educativo. En educación hay que situarse en un ángulo de visión integrador de varios modelos filosóficos de interpretación del mundo o de la realidad que incorporen esa configuración el hecho de que la persona es un ser movible y capaz de ser moldeado, de aprender, de llegar a un nivel de desempeño optimo como estándar de aptitud del trabajo docente.
Un educador es malo si el sistema educativo es malo. No es el o la docente el único culpable. Dicho régimen moldea la conducta total y el desempeño pedagógico, que varían por las fallas y vicios que lo conforman.
Por eso hay que insistir que cualquier país que asuma el compromiso de lograr la calidad de su educación necesariamente, como primer caso, debe abocarse a redefinir su Filosofía Educativa alineada a sus realidades e idiosincrasia cultural y a partir de ahí, entonces diseñar el resto del sistema y su proceso de construcción y aplicación-evaluación-aplicación.
El gobierno dominicano realmente ha dado significativos pasos en el mejoramiento de la calidad de la educación pero podría ser necesario volver a revisar el proceso de reforma y clarificar la Filosofía Educativa adoptada. Humildad profesional es una cualidad, Independientemente de sus capacidades, que resulta difícil encontrar en quienes dirigen el sistema educativo dominicano. Escuchar a otros profesionales y mucho menos admitir que podrían tener que corregir algunos aspectos, es posible que ni la misma, muy querida y respetada Ministra, Josefina Pimentel, quisiera pensar dos veces poner en la mesa de discusión. En ocasiones, lamentablemente, hay que tomar en cuenta consideraciones políticas.
La administración efectiva y proactiva de la compensación magisterial es un instrumento puntual y transversal que permitiría contribuir muy relevantemente en la aplicación precisa de un sistema que se diseñe en base a una Filosofía Educativa que visualice y “construya” docentes que sean capaces de superarse hacia ese optimo nivel de desempeño y hasta de mejorar mas allá. Simultáneamente proveyendo todo el andamiaje académico y logístico que corresponde a una educación de calidad.

Share This Post