Cuando dos o más nativos de Tamayo, nos juntamos o nos comunicamos vÃa telefónica, nuestra patria chica en el Sur del paÃs, es imposible no repasar la historia.
Hablando en estos dÃas con Rafaelito Pineda, ManolÃn Santana, Walter Tomás y Juan Francisco Acosta, a través del hilo telefónico y de forma individual, lamentábamos en ese dialogo lo que sucedÃa en nuestro pueblo. Añorábamos aquellos tiempos en los que en nuestro terruño se imponÃan la lectura en las bibliotecas, los encuentros en clubes culturales, las reuniones clandestinas de los grupos revolucionarios, las tertulias estudiantiles en parques o patios y los sanos pasadÃas a orillas del rio Yaque del Sur. Tiempos aquellos.
En contraste, hoy la vida es distinta. Todo ha cambiado. Y no es que quisiéramos que Tamayo y sus jóvenes hayan permanecido frisados en el tiempo, claro que no.
Hubiésemos querido que la transformación se hubiese dado más acelerada. Lo que lamentamos es que la juventud de hoy no haya hecho suyo esos cambios de una manera más positiva, para superar aquella juventud que se desvivÃa en la lectura, en las luchas revolucionarias, en destacarse como excelente estudiante y gran trabajador.
Lo que nos duele es que el cambio ha sido, como dice Juan Luis…en reversa. En ese diálogo informal, rápido y vÃa telefónica veÃamos como negativo que muchos de los jóvenes de nuestro pueblo, hagan mayor énfasis en la obtención del dinero fácil, que en profundizar en los estudios y hacerse de una profesión que le ayude a ellos, al pueblo y al paÃs a lograr un futuro mejor.
Antes hacÃamos esfuerzo para tener el mejor club en el barrio, con la mejor biblioteca y organizar los mejores festivales y equipos deportivos. Hoy, eso es cosa del pasado.
Si la imagen que presenta hoy Tamayo, con calles destruidas, sin energÃa eléctrica, sin caminos vecinales, hubiese sido 30 años atrás, los jóvenes hubiésemos estado buscando fórmulas para lograr que nuestro pueblo cambie. Busquemos alternativas para enderazar el actual camino.
Tomado de El Listindiario.com.do
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